1.9.11

Escritura chamánica


Si tuviera que hacer un libro de autoayuda, empezaría diciendo que los pilares sobre los cuales la felicidad se erige, se desarrolla y se realiza son: la vida afectiva, la vocación, la salud mental y alguna actividad exoneradora.

Tales pilares conformarían una especie de mesa. Estas imágenes, muy trilladas, la verdad, siempre quedan bien y alimentan sucesivas metáforas: una pata que se resquebraja, la clase de madera, la carcoma... Etcétera.

Tendría que postular también una especie de sima de rara significación y, asimismo, una altiplanicie que no dependiera de nada, ni sobre la que tuviera que descansar ninguna mesa; una suerte de suelo firme en las alturas...

Cada pilar o pata va conformando una fuerza. Por lógica, la desmesura en una fuerza, o en dos, o en tres (estén coordinadas o no), puede romper el equilibrio de la mesa.

(Para hablar de un concordato por la felicidad, debería aparecer la palabra sinergia, algo trasnochada, sí, pero que nunca disgusta).

El píxel a veces tiene una textura oleaginosa.
Se puede arriesgar incluso dentro del equilibrio: verdadero (y a veces resuelto) tour de force que produce una subsunción recíproca entre los pilares, reduciéndolos a la fragilidad..., fragilidad y robustez de uno solamente.

A la mesa, uno se alimenta de un sinfín de actividades, convive con su alrededor, a cobijo, o a la intemperie —sobre todo estando a la intemperie; aquí la dispersión representaría una franca anomalía...—, y bajo ella se suceden pequeñas transgresiones que vulneran irónicamente el mundo: dar a hurtadillas comida al gato, poses de impaciencia, roces de complicidad...

*
En la pata afectiva —en mi caso, un trípode afectivo de tres individuos— opera una suerte de ósmosis transpersonal de fragilidad, ayuda e influencia. (...)
 
Creative Commons License
Los escritos originarios by Bernat Xavier Forteza Siquier is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Compartir bajo la misma licencia 3.0 España License..