¿Y por qué? ¿Por qué no poner ahora dos canciones sobre las cenizas?
30.11.20
La miseria del historicismo es la miseria de la historia como tal. Mirar hacia atrás cuando tu adelanto es el simple hecho de tu posición es también el hecho de tu poder y despotismo, y debe hacerse con una mezcla dramática de humillación, temor, rigorismo, veneración, asunción de la tragedia, fugacidad... y otras tantas quimeras e imposibles. Cada una de estas palabras significa el resto de las demás y ninguna a la vez. Somos el resto que le hace hablar a la palabra.
26.11.20
Enseñar es descubirse. No existe ninguna transmisión de materiales. A lo sumo enseñar es llegar a ese mostrarse. Ni siquiera me refiero al logro de cierta autenticidad en ese o después de ese mostrarse. ¿Quién querría, por lo demás, aprender cómo tú eres? Y sin embargo a tal cosa solo podemos aspirar; algo anterior a toda sabiduría... A que alguien consiga vislumbrar que todo logro no es más que, que algún día, bien pudiera aplacarte la sabiduría que inevitablemente, con todas mis fuerzas, pero también muy a mi pesar, estamos siendo ahora.
2.7.20
Vulgaridad
La vulgaridad no se reduce a una lista de conductas independientes de sus contextos ni tampoco unidas entre sí. Sin embargo, toda vulgaridad se escapa de un contexto, no reduciéndose a desentonar o a chirriar respecto a él. Se separa por completo bajo la forma del automatismo, del tic parlante, del parloteo. No hay esencias vulgares a tiempo completo, solo repeticiones de una vulgaridad que a su vez presupone un ser vulgar... y no alguien que sencillamente yerra. Los seres vulgares son tan culpables como inmunes a su propia vulgaridad, aunque esta siempre deja su aire de circunstancia, de autosuficiencia, pero más todavía de victimismo resuelto, de sacrificio, temeridad…, y un sinnúmero de otros prismas que le definen y esconden, y gracias si le dan resquicios para escabullirse de sus efectos, sea por dejadez, enmienda o simple cambio de mirada.
30.6.19
Columbine y la madre de Dylan
4.3.19
El parque y el zoológico
25.2.19
El entorno del caballo suele ser, o muy ñoño, o de lo más severo. O público sustantivo, o sistemas expertos. El caballo es la metáfora animal más profesionalizada. El empresario, funcionario, deportista, autónomo u ocioso del caballo lo conoce como si este fuera uno más entre iguales al que poder subvertir. Habla con él con fuerza equina, chasquidos cuasi equinos, ademanes equinos. Entienden sus orejas, sus cascos, su olor, su crin, grupa, sexo. Si hasta los fornican a manos de un intruso infiel. Dan verdadera náusea. Lo que aquí detesto es la efectividad con que el humano se inmiscuye en lo salvaje. Violación muda y acalladora con el más profundo desgarro. Violación que comprende su daño, pero el olvido, que ni siquiera es necesario, es mucho mayor, o la indiferencia más patente; entreverado de piel y carne: la distinción más abominable. Justo allí, entre estos pliegues lubricados de lo mismo, sufrida piel y frágil carne, sufrida carne y frágil piel, lo dirigen todo para mandar.
¿Es un animal aquello sobre lo cual encajamos a horcajadas? ¿Está animada la bestia por lo que tira, cuando ella y su fuerza se confunden con su carga?
15.2.19
11.2.19
12.8.14
Quiero saber que tu intensidad no es la intensidad de una mera repetición. En realidad, la repetición no constituye el hallazgo de aquel que siempre piensa lo mismo porque cree haber descubierto una verdad definitiva. La repetición tampoco es reduplicación de la diferencia. Aún así, yo pienso mucho por repetición, quizá en buena medida por desgracia, pero tampoco creo que las repeticiones sustenten ni mi pensamiento más caprichoso ni el más ordenado (y el resto poco importa). ¿Cómo debo creer que piensas tú? No sé andar por la ciudad. Ni siquiera sé si podría vivir en uno de estos sitios que tanto me fascinan. Yo quiero que la gente sea más fiera y que ello me estimule a creer que se está viviendo en la espesura de lo cierto, y en la ciudad todo es sospechosa cadencia, seres demasiado mustios como para rebelarse en un simple gesto que conoce. En los pueblos no se llega a tanto... Allí se vive de hechos tan legendarios como las cortezas de los árboles. Los parques urbanos sí me parecen fantásticos simulacros rurales, cese de la resistencia motivadora de la nada, niños y pájaros inscritos en una realidad de fresa salvaje despojada de temores; lentitud y rayo.
24.5.14
25.4.14
Es difícil fijar la historia en un campo sin guías, difícil un posicionamiento sin estampar una sombra, sin desplazar el aire, o agotarlo, sin llenar un vacío, o la propia vacuidad, sin parar el sol y no matar la yerba que toscamente estás pisoteando. Difícil es no entorpecer al todopoderoso viento, no pararse a mirar en bóvedas que fueron acristaladas y ahora reflejan un dibujo más cómodo que el verde yermo de este bosque a tu frente. Difícil pretender ser astro y también fondo estelar. O ser foco, foco que da y a la vez sufre la infección indolora de un equilibrio aparente. Insensatez. Esta tierra muda habla insensatamente. Mentira en cualquier intersección de paralelos y meridianos. Mentira ese ojo del mundo que me mira. ¿Me mira? La más mísera mentira regresa a la mentira, tuerce a la mentira, por ella huye hacia ella. Mentira de la no mentira, mentira en lo no es así. Mentira. El mundo, mundo, mundo…, mundo (tú, imbécil ser retratado) es esa huera cantera de la nada infinitamente esquinada por una frialdad porosa al duelo e impermeable al bien. Dilo, grita y al menos insulta si aquí has caído.
19.2.14
Diglosia donde cada lengua tiene su particular estatuto: una, la proscriptora, es grosera y agraviada, otra, la agradecida, servil y de una distancia peor que toda culpa.
13.1.14
Pensar, poder pensar que el artista tiene una vida. Conceptos que se retrotraen a sí (la vida se hace vida, la obra se hace obra) y que ya en su impúdico y redondo mostrarse se ingieren en reciprocidad. Todo ello fruto de una supuesta espontaneidad de conceptos que jamás fue tal.
Ni siquiera una cotidianeidad, todopoderosa colchadura. No. Una vida. Esta vida se deshilacha y se funde en pequeños gestos de vida cotidiana (aquí lo cotidiano muere de inanición, valga el lastre de decirlo). En realidad es algo más allá o más acá de todo esto: signos, gestos de pantomima, muestras de las más estridentes ridiculeces. De ahí que todo se me antoje muerto. Sus vidas, sus obras, el propio negar la trabazón de ambas, el inventarla... (La inventan). El mundo 2 es verdaderamente miserable. ¿Pero no recogían de él sus fuerzas y sus logros? ¿Maltratan tanto ahora a la palabra (palabra, sucia ostentación) como para llegar a ahogarla?
22.12.13
Ideas y tierra. Double Indemnity, de B. Wilder
8.11.13
7.11.13
29.10.13
Mis lamentos resuenan en la muda losa y en la odiada tumba, que han apagado el sol de mis entrañas.
¡Oh sepulcro! ¡Divinidad! ¡Deja que mi niña Paula se acerque un momento a la luz! ¡Concededme verla de nuevo! Ningún reproche te va a hacer por ello la diosa Perséfone, Hades, si despiertas a mi hija.
Aunque sea en sueños.
Adiós, Paula, niña buena".
14.10.13
23.9.13
31.8.13
20.4.13
9.4.13
14.3.13
11.3.13
21.2.13
Reservorio
(...) la novela no puede permitirse dar un paso más allá de aquella frontera en la que el lector, con el sentido de la vida pugnando por materializarse en sus presentimientos, es por ello invitado a estampar la palabra «Fin» debajo de la página. Walter Benjamin (El narrador).
Émilie, Dequenne, Rosetta; Gould - Bach: "Pequeño" Preludio en Do Mayor BWV 924 (Klavierbüchlein): Glenn Gould, piano. Little, preludes, from, Klavierbüchlein, für, Wilhelm, Friedemann, Bach, prelude, do, mayor, C-Dur, Major, Edward, G., Robinson, The, woman, in, the, Window, grupettos; Camille - "Tchin Tchin": Camille, Dalmais, Le, voyage, du, ballon, rouge, The, flight, of, the, red, balloon, El, vuelo, del, globo, rojo, Hou, Hsiao-Hsien, 被遺忘的時光, 蔡琴, Forgotten, Time, Tsai, Chin; Martin Stadtfeld - Goldberg Variations: Aria: Bach, BWV, 988, Collin, Willcox, actress; Horowitz - Bach/Busoni: Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ: chorale, prelude, BWV, 639, Orgelbüchlein, Greta, Schröder, actress; Jacques Loussier - Variaciones Goldberg: Aria: J., S., Bach, Goldberg, variations, jazz, BWV, 988, Jamie, Smith, actor; Beethoven - Adagio für eine Spieluhr F-Dur WoO 33,1: Jean-Pierre Rampal, flauta. Marielle Nordmann, arpa. Harp, Harfe, flute, Flöte, Guillermo, Francella, jordi, des, racó; Georg Böhm (1661-1733) - Suite No. 1 in c-Moll, Allemande: Mitzi Meyerson, clavicémbalo. Boehm, die, claviersuiten, glossamusic, (ed.), klavier, clave, harpsichord, clavecin, clavecí, The, Trial, Anthony, Perkins; Ernst Reijseger: Uri Caine, Variation for cello solo. Ernst Reijseger, cello. Goldberg, variations, winter&winter, Bruno, S., Schleinstein, chelo, violonchelo, violoncelo, violoncello, jazz; Vivaldi - Concierto para dos mandolinas, cuerdas y b. c. en sol mayor (RV 532), II. Andante: André Saint-Clivier & Christian Schneider, mandolinas. La Grande Ecurie et la Chambre du Roy. Jean-Claude Malgoire, director. Concerto, for, two, mandolins, mandoline, in, g-dur, Major, Bresson; Beethoven - Diabelli Variations, Tema: Vivace: Daniel Barenboim, piano. Thirty-three, Variations, on, 33, Veränderungen, über, eine, Walze, Waltz, by, Anton, Diabelli, Op., 120, teldec, The, Grudge, (2003), Toshio, (Yuya, Ozeki); J. S. Bach - Partita No. 6 in E Minor, BWV 830 – Toccata: Paola (Valeria Ciangottini). Christiane Jaccottet, clave. e-moll, mi, menor, klavier, harpsichord, clavicémbalo, clavecin, clavecí, La, dolce, vita, Willard, Van, Orman, Quine, gavagai, Thomas, Samuel, Kuhn, incommensurability, Ludwig, Wittgenstein, language, games, Rilke; Pugnani - Kreisler: Preludio y Allegro:
Es preciso, en efecto -dijo- que quien quiera ir por el recto camino a ese fin comience desde joven a dirigirse hacia los cuerpos bellos. Y, si su guía lo dirige rectamente, enamorarse en primer lugar de un solo cuerpo y engendrar en él bellos razonamientos; luego debe comprender que la belleza que hay en cualquier cuerpo es afín a la que hay en otro y que, si es preciso perseguir la belleza de la forma, es una gran necedad no considerar una y la misma la belleza que hay en todos los cuerpos. Una vez que haya comprendido esto, debe hacerse amante de todos los cuerpos bellos y calmar ese fuerte arrebato por uno solo, despreciándolo y considerándolo insignificante. A continuación debe considerar más valiosa la belleza de las almas que la del cuerpo, de suerte que si alguien es virtuoso de alma, aunque tenga un escaso esplendor, séale suficiente para amarle, cuidarle, engendrar y buscar razonamientos tales que hagan mejores a los jóvenes, para que sea obligado, una vez más a contemplar la belleza que reside en las normas de conducta y en las leyes y a reconocer que todo lo bello está emparentado consigo mismo, y considere de esta forma la belleza del cuerpo como algo insignificante. Después de las normas de conducta debe conducirle a las ciencias, para que vea también la belleza de éstas y, fijando ya su mirada en esa immensa belleza, no sea, por servil dependencia, mediocre y corto de espíritu, apegándose, como un esclavo, a la belleza de un solo ser, cual la de un muchacho, de un hombre o de una norma de conducta, sino que, vuelto a ese mar de lo bello y contemplándolo, engendre muchos bellos y magníficos discursos y pensamientos en ilimitado amor por la sabiduría, hasta que fortalecido entonces y crecido descubra una única ciencia cual es la ciencia de una belleza como la siguiente. Intenta ahora dijo prestarme la máxima atención posible. En efecto, quien hasta aquí haya sido instruido en las cosas del amor, tras haber contemplado las cosas bellas en ordenada y correcta sucesión, descubrirá de repente, llegando ya al término de su iniciación amorosa, algo maravillosamente bello por naturaleza, a saber, aquello mismo, Sócrates, por lo que precisamente se hicieron todos los esfuerzos anteriores, que, en primer lugar, existe siempre y ni nace ni perece, ni crece ni decrece; en segundo lugar, no es bello en un aspecto y feo en otro, ni unas veces bello y otras no, ni bello respecto a una cosa y feo respecto a otras ni aquí bello y allí feo, como si fuera para unos bello y para otros feo. Ni tampoco se le aparecerá esta belleza bajo la forma de un rostro ni de unas manos ni de cualquier otra cosa de las que participa un cuerpo, ni como razonamiento, ni como una ciencia, ni como existente en otra cosa, por ejemplo en un ser vivo, en la tierra, en el cielo o en algún otro, sino la belleza en sí, que es siempre consigo misma específicamente única, mientras que todas las cosas bellas participan de aquélla de una manera tal que, aunque nazcan las demás y mueran, ella en nada se hace ni mayor ni menor, ni le sucede nada. Por tanto, cuando alguien se eleva a partir de las cosas de aquí por medio del recto amor a los jóvenes y comienza a avistar aquella belleza, podría decirse que casi alcanza el final de su iniciación. En efecto, éste es precisamente el camino correcto para dirigirse a las cuestiones relativas al amor o ser conducido por otro: con la mirada puesta en aquella belleza, empezar por las cosas bellas de este mundo y sirviéndose de ellas a modo de escalones, ir ascendiendo continuamente de un cuerpo bello a dos y de dos a todos los cuerpos bellos, y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de conducta a los bellos conocimientos y, a partir de los conocimientos, acabar en aquel que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que conozca por fin a lo que es la belleza en sí. En ese instante de la vida, querido sócrates dijo la extrangera de Mantinea, más que en ningún otro, vale la pena el vivir del hombre: cuando contempla la belleza en sí. (Platón. Banquete, 210 a-211 e).
31.1.13
28.1.13
14.12.12
7.12.12
8.11.12
29.9.12
23.8.12
19.6.12
Nuestro mayor acicate (lectura de "Tren nocturno")
"El suicidio generalmente sobreviene cuando el calendario del dolor súbitamente se queda vacío de aire, y de toda perspectiva de él. Pero la literatura nos cuenta que también puede ser desencadenado por un impulso ingobernable, por una suerte de espasmo psíquico" (M. Amis, Experiencia, p. 285). Al ir leyendo el libro, pero sobre todo al final, nos preguntamos: ¿qué le queda a este suicidio? El ‘qué pasó’ se ha convertido en la radicalidad de ‘qué era aquello’. ¿Qué significa el suicidio despojado de todos sus porqués salvo el suyo propio? ¿Qué es Jennifer Rockwell? En definitiva, ¿qué es el suicidio sin la locura (que es una condena a vivir) pero con una vida grata? ¿Y qué representa el suicidio en el mundo vacío que retrata Amis? No es sin embargo un universo de indiferencia lo que nos acerca el libro. No excluimos tampoco un retrato epocal.
12.6.12
El libro humano
A veces, escrituras complejas esconden mensajes sencillos, pero también puede suceder lo contrario: escrituras claras y sencillas son portadoras de grandes significados. Es el caso de El Principito. Aunque es en esencia un libro para niños (y en la infancia ha de leerse para uno recibir todo su impacto), es una obra que te acompaña toda la vida. Es un libro que continuamente te llama y te pide una relectura, en donde cada vez descubrirás nuevos valores y nuevas enseñanzas. O simplemente lo relees para reproducir la inmensa emoción de aquel primer contacto con la historia. La riqueza de la trama es inigualable: el viaje de ida y vuelta del Principito desde su casa (un pequeño planeta para él solo) hasta la Tierra, pasando entremedias por una serie de planetas habitados por seres peculiares. Cada capítulo tiene su mensaje, su crítica, y todo trufado de dibujos tan elocuentes como las propias palabras. Algunas de las muchísimas y buenas sentencias del libro ya han pasado a la historia. Me vienen a la memoria: «Lo que es esencial es invisible a los ojos» o «Es tan misterioso el país de las lágrimas...».
El treintañero me dijo que sí, que entendía que el libro era bueno..., pero (y adivinad lo que sigue) que era un libro para leerse en la infancia. Le contesté, como despechado, que yo siempre leía en la infancia (por eso mismo creo que la lectura también me cansa y me aburre, aunque también me reviva, me noquee...), y máxime con esta obra, que no podía ser de otro modo, que, junto a los niños, se dirigía a los adultos perdidos, en realidad al niño perdido de cada uno, que infancia era la libertad, y una liberación, cierto regreso. Etcétera. En serio, si este libro no os conmueve, no le culpéis ni busquéis razones periféricas que autojustifiquen vuestro disgusto; inculpaos, si podéis, a vosotros mismos. Pero no podréis... Aun así, no os desentendáis del libro tan rápidamente, releedlo bajo el prisma de vuestro propio desencanto; buena parte de su esfuerzo es hacer de vosotros (de mí, de ti) el blanco de sus críticas...
25.5.12
28.4.12
«Tenía la impresión de no haber vivido mi vida, de haberla siempre observado a distancia, de haber desarrollado una sola parte de mí mismo y de ser pobre como persona. Tú eras, y siempre habías sido, más rica que yo. Te desarrollaste en todas tus dimensiones. Estabas bien asentada en tu vida, mientras que yo siempre me había apresurado a pasar a la tarea siguiente, como si nuestra vida solo fuera a comenzar realmente más tarde».
4.4.12
16.3.12
10.3.12
9.3.12
La muerte es un enfrentamiento entre el qué ha pasado y el pensarla totalmente. Al estupor del qué ha pasado, que se asemeja a la ignorancia, y en la muerte lo es, hay que añadirle el golpe de lo que sin remedio se asimila. Un total enfrentamiento y una victoria de la totalidad del pensamiento de la muerte. Y sigue habiendo un enfrentamiento. Y una victoria. Y enfrentamiento. Y victorias. Y enfrentamientos. El qué ha pasado es víctima de la creencia de que todo está puesto para mí: mi vida, la historia, el mundo. Toda la realidad, amplia realidad, está hecha para mi uso y disfrute. Esa realidad intenta despersonalizarse, adquirir su consistencia inalienable (diría más: ser ajena a todo sufrimiento). Con la muerte —pero no debemos pensar en estos términos, “la muerte”, sino como sentimiento y enfrentamiento de su total pensamiento—, el mundo renuncia a vencer (a acabar), el mundo en una forma precisa, conflictivamente precisa: mi mundo, el mundo-en-bloque-allí, pero sobre todo el férreo hilo con que a él nos atamos; todo (lo que él) es mundo, incluso el él es mundo. En la percepción fruto de la época moderna de que el mundo es, y es representación, no dejamos de renunciar al hecho de que somos parte esencial del mundo; un resto indesprendible de idealismo que consiente ser parte del mundo; la fenomenología es eso: la idea se desprende del mundo, de él proviene. En cambio, el pensamiento total es un regreso, la total imputación del mundo que nos culpabiliza. El mundo nos hace culpables (y ahora el peor mundo: yo como parte de él) de una especie de engullimiento. El hilo de seguridad en un mundo es quien lo padece: quien lo padece aferrado en un..., en unos Ahora! Ahora! eternizantes, repetitivos... El problema de la muerte, que pienso que se soluciona (entendámonos, quise decir algo así como “soluciona”) en ese engullimiento, es que luego exige de todas todas (y es una exigencia teórica determinante) un ethos ante la vida. El problema es que el ethos es un problema ante el problema de la muerte. Mantiene punzadas al olvido, convierte en irrisorias (si es que en realidad ya no queremos hablar de eso…) actitudes de eso precisamente: olvidarse en forma de tópicos de lo más encauzados; renuncias… (Repito: ya no queremos hablar de eso). Los tópicos al uso despiertan actitudes contrarias. Bien está quien puede vivir de ellos, quien puede de ellos hacer su vida, hacer lo que quiera que sea su vida con ellos. Pensamiento, este, el mío (se hace mío), que quiere despertar... y que nos sitúa a lo teorético (quiero decir: a lo puramente somático). Si no aceptas, vives irremediablemente, eres el olvido; entonces vives (con la desgracia de una mayor o menor intermitencia) este problema teorético del principio. Intenté ser neutral… y acabó por aparecer la palabra desgracia (palabra que sólo Peter Handke supo escribir con la ortografía correcta) pero quizás haya otros ethos plausibles (otra palabra de yerro irónico). No prorrogar. No dejar de hacerlo. Y en el ínterin (en realidad no estamos hablando de tiempo sino de suerte), con suerte podremos, podremos… (Dejen que aparezca este paréntesis que exime, y discúlpenme, toda elocuencia. Acto seguido de podremos, podremos… continuaba: Te quiero, amor mío...). (…) Y la sensación de que esto puede reducirse. Ni siquiera Luego: tiene que ser Y. Ni la sensación. |
5.3.12
22.2.12
¿El despertar de un sueño difumina su trama cerrada? ¿O pretende recuperar aquello que jamás existió?
¿Contiene aquello que jamás existió materia onírica?
13.2.12
«¿Tendré miedo a dar el paso de morir ahora mismo? Cuidarse para no morir. No obstante, ya estoy en el futuro. Ese futuro mío que será para vosotros el pasado de un muerto».
Las palabras de Lispector son tentaculares, arácnidas... Ocho, diez o veintiocho palabras se agarran a un telar en donde uno no puede decir que entiende o no entiende, sino que está o no está. La autora crea facilidad de lectura pero pesadez (y untura...) en los dedos.
27.1.12
16.1.12
25.12.11
19.12.11
4.12.11
17.11.11
29.10.11
En todo caso, ese continuo... o discontinuo retorno de lo mismo en forma de indecisión nos protege de certitudes sin impedir, por ello, que las asumamos al entreverlas.
26.10.11
23.10.11
Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».
PEDRO SALINAS, La voz a ti debida (v. 494-521).
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