Técnica e interpretación no pueden separarse, ni siquiera conceptualmente, sin que no haya una reducción a lo más simple y equívoco de cada una. Ni la “técnica” es una condición previa, ni la “interpretación” ninguna añadidura. Una visión así confinaría a la primera a la mecánica, y a la segunda a... una suerte de figura personal que redime y ensalma, estableciéndose de este modo una fractura, dualismo (o lucha) ya insalvable.
Todo es técnica en la interpretación musical.
Todo es técnica en la interpretación musical.
