«¿Desde cuándo el escribir es tu profesión? Nunca fue otra cosa que tu religión. Nunca. Estoy un poco sobreexcitado. Puesto que es tu religión, ¿sabes qué te preguntarán cuando te mueras? Pero permíteme decirte primero lo que no te van a preguntar. No te van a preguntar si estabas trabajando en algo maravilloso y conmovedor. No te van a preguntar si era corto o largo, triste o divertido, publicado o inédito. No te van a preguntar si estabas en buena forma o no cuando lo escribías. Ni siquiera te preguntarán si hubiera sido eso lo que escribirías de haber sabido que tenías las horas contadas; creo que eso sólo se lo preguntarán al pobre Sören K. Estoy seguro de que te harán dos preguntas. ¿Habían aparecido la mayoría de tus estrellas? ¿Estabas ocupado en escribir todo lo que tenías en el corazón? ¡Si supieras lo fácil que sería para ti decir que "sí" a las dos preguntas! Si te acordaras, antes de sentarte a escribir, que fuiste un lector mucho antes de ser un escritor... Basta con que te metas esta idea en la cabeza, te sientes muy tranquilo y te preguntes, como lector, qué tipo de obra, entre todas, le gustaría leer a Buddy Glass, si pudiera elegirla con el corazón. El próximo paso es terrible, pero tan sencillo que casi no puedo creerlo mientras lo escribo. Te sientas sin ninguna inhibición y lo escribes tú mismo. Ni siquiera voy a subrayarlo. Es demasiado importante para subrayarlo. ¡Ah, Buddy, anímate! Confía en tu corazón. Eres un artesano digno de crédito. Nunca serás traicionado. Buenas noches». (...)
J. D. SALINGER, Seymour: una introducción
«Tontamente, no le di ninguna pista decente y humana de que el noventa y ocho por ciento de mi vida, gracias a Dios, no tiene nada que ver con la dudosa búsqueda del conocimiento».
J. D. SALINGER, Hapworth 16, 1924
Salinger es un escritor de milagros: la equívoca y cuasi sagrada repetición de algo que parece superar desde siempre el genio de su creador. Milagros dentro de milagros (o dentro de un clima de "posguerra") y repetición (insisto, en términos equívocos; lo milagroso, per se, no se repite) de milagros propiamente: Holden Caulfield y la estirpe de los Glass.
Su muerte no consterna a los salingerianos.
