10.9.09

La verdad poética













No es devaluar la poesía entenderla, ante todo, como una actitud hacia el lenguaje. Creer que las palabras nos hablan y que nos hablamos a nosotros mismos a través de ellas es una verdad poética. Ser poeta es creer que las palabras te serán devueltas; él jamás pensará que son vacías, porque vive en ellas. Las palabras le protegen, le ocultan. El poeta no ilumina nada, ve en lo oscuro lo que para nosotros y para la propia escritura será siempre un resto indescifrable... Dejarse engañar por el lenguaje tiene su justa compensación: habitar en él.

La poesía es llegada, satisfacción, punto de encuentro. La poesía es la maldad más bella del lenguaje: esa tranquilidad que transmite a pesar del resto indescifrable que oculta. ¿O acaso nos protege de él?

Entiendo el lenguaje, en cambio, como lucha, escritura propia, a la contra y contra uno, algo que solo se consigue inquiriéndome con la primera persona, creándome una necesidad de disgusto. Palabras a las que fuerzo a hablar y aun así enmudecen, y así quiero que sea, porque tampoco me creería sus verdades…, aunque al final, en contra de las mismas palabras que le alejan, a uno le queda esa soledad desnuda donde asirse, y que parece poderse escribir.

Sigo pensando que poesía es descubrir que el lenguaje te es propio. Es esa noción amplia y simple; algo más allá de la belleza sonora, por mucho que belleza también sea conocimiento.

Igualmente, busco verdades con las palabras, pero sin aceptar de estas la parte de su engaño, sin dejarme (porque tampoco podría) encerrar en ellas. Pues también quiero que ellas se rebelen, que estén, estemos, a una en busca de algo que, sí, esta vez se escapa hacia una ignorancia definitiva (mientras que la poesía es engaño sin ignorancia). Incluso el poema más desesperado cobra equilibrio y serenidad a través de las palabras que lo cobijan.

Aun así, no ceso de pensar que la poesía merodea en la prosa a través del conflicto y en momentos de mayor tensión…

Pero la poesía es mi enemiga. Ella amansa las almas más tristes. El conflicto y el sufrimiento de un hombre se tornan en el mar calmado del verso, para mí envenenado.

Pienso que la poesía juguetea (¿pero podría hacer más?) con la idea. De la poesía sólo nos llegan los destellos de una verdad aprisionada. Son tales destellos densos, nacidos de las imprecisiones de las palabras, lo que convierte al poema en poema.

Busco la permanente cuestión, la redefinición de todo. Aunque sí: tengo esa visión de la poesía como encontrar la paz en la palabra y, asimismo, y tal vez para negarla, una visión del genio poeta como exponente del más alto conocimiento, y su lenguaje como la mayor transparencia. Porque, al final, uno acaba aceptando aquello de lo que huye, en virtud de la coherencia con el conflicto que de manera perenne persigue y encuentra a través de su escritura.


 
Creative Commons License
Los escritos originarios by Bernat Xavier Forteza Siquier is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Compartir bajo la misma licencia 3.0 España License..