9.12.09

Si escuchas este Largo, le conferirás un nuevo sentido al movimiento de los alumnos jugando al patio del recreo, incluso sentirás que todos ellos, en cierto modo, se ven degradados por el efecto de esta pieza musical. Sólo porque tú la escuchas, ella, la música, estará presente en todo aquello. Estás sentada tres peldaños por encima del resto, pero en realidad te separa un mundo... debido a la música. Fíjate entonces en la corriente de movimiento de todos los alumnos. Son como mónadas en equilibrio. Esa melodía inevitablemente te investirá de una suerte de aristocracia por ser tú la única que la escucha. No tardarás en pensar que aquélla mueve los niños a su voluntad. Ayudada por el silencio que crea, los ralentiza. Notarás que todo forma parte de la degradación; la inevitable injusticia que comete quien comprende la música. Esa indiferencia o, mejor, diferenciación o desdén tuyos respecto al movimiento es la explicación de tu saber: clarificación, "desconfusión", si así lo quieres llamar.

Pero tú, tan humana como ellos, enseguida detendrás en alguien tu mirada. Te fijarás en aquel a quien casi odias por lo poco delicado que siempre fue contigo, o en esta otra persona, que con toda seguridad hubiera llegado a ser tu mejor amiga y ahora apenas te mira. O en tu amigo secreto, que te gusta sin él sospechar lo más mínimo siquiera. Sí: al fijarte en alguien en concreto la música perderá todo su poder y volverá verdaderamente a sonar... Verás a una posible amiga, a un posible novio, a un enemigo patente, y ya no te sentirás tres peldaños por arriba, sino al mismo nivel de todos. La música incrementará entonces tus pasiones, Sara.








 
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